Hacia tanto tiempo que no me sentaba aquí, frente a este teclado, que mis letras parecían mudas, antes de tiempo.
Tiempo atrás hubiera querido enmudecer, callar mis pensamientos o, quizá, simplemente me conformase con negarme la posibilidad de sentir. Sentir…bonito verbo. Unido a tu nombre me gusta más, si cabe. Y es que hoy y desde tiempo atrás las coincidencias se apoderan de mi vida, de mi a veces compleja vida. De esa vida llena, dirigida por mi propio destino, que me pisa los talones sin remedio alguno, sin poderlo ni quererlo evitar en ningún momento. Cuando tú formas parte de él, menos.
Tú, el que con una mirada tumba un mundo y levanta universos repletos de ilusión, ganas de mirar al frente, sentimientos exacerbados, incluso exagerados…Si, tú, con el que comparto tanto en tan poco tiempo, el que llegó hace tanto tiempo a mi vida que cada vez que cuento los meses me faltan los dedos de las dos manos. Para enumerar todas y cada una de las razones por las que me gusta este juego que empezamos, también. Y me preguntan por qué me brilla la mirada, por qué sonrío, aunque la vida me golpee cada día, cada minuto…aunque lo hiciese cada segundo, no importaría…porque, al final, siempre estarías tú. Porque tras ese pasillo oscuro está el interruptor que tú tienes tan cerca…y, aunque el mundo girara del revés, yo no dejaría de caminar en esa dirección. Hoy no. Ayer puede.

Estás ahí. Siempre lo estás. Esperas una sonrisa y me regalas cientos. Tu cigarro consume las ganas de no salir al mundo. Hoy quiero salir al mundo, a tu mundo. Todo es cuestión de tiempo. Hablamos como dos desconocidos, los nervios afloran y formamos una estampa tremendamente digna de cualquier película que puedo tener en mi repertorio. Dices que me brillan los ojos. Los miras atento…y es que hay impulsos, situaciones, que todavía no puedo controlar, aunque me gustaría poder hacerlo. Me sonrojo, pensando en lo gracioso que resulta pensar la razón del brillo en estos ojos que poco esconden. Bromeas, bromeo...reímos, “a ti también te brillan”, sonreímos, miramos, hablamos, caminamos. No sé qué piensas cuando me observas. Ni siquiera sé por qué ríes de cada palabra que sale de mis labios. Incluso cuando no digo nada, basta mirarte y ahí estás dispuesto a, con una sonrisa, cambiar este mundo que se me antojó grande. Me gusta tanto decirte que no sé nada cuando lo sé todo…
Si supieras, si tuvieras la menor idea, de todo lo que dejas entrever sin querer, tú también te sonrojarías…aunque me bastó ver como, por mirarme, por sonreírme, por tratar de hacerme cosquillas con las pestañas, se te cayeron, como a mí en una ocasión en otro momento y otra situación, todo aquello que llevabas entre manos. Todo aquello cayó al suelo, mientras, como yo en aquel momento, juegas a controlar los nervios, los pocos que te quedan ya, tras este día tan…único, tan…tan poco nuestro, tan del destino, que está ahí sin remedio alguno. Y pienso, más tarde, mientras caminamos hacia el coche, lo poco que me gusta despedirme de ti, lo mucho que me agrada tu presencia, las mariposas que revolotean en mi estómago como hacía tiempo no lo hacían porque dormían, solo dormían, cuando pensaba que ya nada me haría cambiar de opinión respecto a mí, a mis ganas a volar en este cielo, respecto al amor, respecto al dolor que dejó de quemar hoy, por fin y todavía.
Y pienso en todos y cada uno de tus gestos, en todas y cada una de tus bromas, de los intentos de acercamiento, en el tintineo que veo entre tanto brillo y tanta inocencia…porque te miro y siento que ya nada tendría sentido…si no estuvieses, si no hubieses aparecido. Pienso en la razón de todo esto. Pienso en un por qué al que no encuentro respuesta ni tampoco quiero hallarla. Recuerdo lo especial que puede ser un día por el simple hecho de que el sol se digne a brillar, aunque sea un poco. Pienso en que mi sol hoy brillaba radiante y, sin querer, tú y yo bailábamos debajo de él. Y me siento tremendamente bien, con mayúsculas. Porque hoy, sin pretenderlo, nos permitimos el lujo de sentir, de hablar sin palabras, de dejar revolotear esas mariposas gigantes que se adentraron dentro de mí, de ti…
Porque hoy me quedo con tu mirada, con tus ojos negros, con tu sonrisa y con ese “no te vayas sola, espérame. No quiero que nada te ocurra…”. Porque hoy me quedo con las cajas tiradas en el suelo, conmigo recogiéndolas mientras reímos, con esos nervios que no queremos, quizá, controlar, conmigo, contigo…me quedo con esto, sin saber a ciencia cierta en qué desembocará…
Hoy…hoy me quedo soñándote hasta la próxima vez que te vea. Y es que si no existieras, posiblemente, tendría que inventarte.




