10 may 2010

Unanimidad, finales felices, las perdices y...yo



Por una vez, en toda mi surrealista historia, mis neuronas han decidido por unanimidad que salve mi felicidad del sabotaje que sufre en algunos momentos, por no decir a menudo. No seamos catastrofistas.


Mentiría descaradamente si dijese que, tras creer encontrar lo que alguien se aventuró a llamar “amor”, no soy feliz. Pero, como todo, está repleto de ventajas e inconvenientes y, donde antes solo veía princesitas de cuento, príncipes encantados y hadas madrinas que me salvaban el trasero de cualquier lío no recomendado, ahora veo una princesa en vaqueros, un príncipe encantador, pero no siempre encantado, y varias madrinas que dejaron de ser hadas, por aburrimiento.


Y es que, queridos, la vida es como una caja de bombones: no todos están buenos. Yo encontré uno que me gustó (tarea harto difícil), me lo quedé y quise quedármelo para mí, solo para mí, en un acto de egoísmo de lo más exacerbado. El bombón tenía nombre, como aquellos de la famosa caja roja. Se llamaba F.


No es que F sea el ser más maravilloso que existe sobre la faz de la tierra. Tampoco es aquel por el que una pierde los papeles. Por favor…si así fuera, cualquiera diría que estoy perdidamente (si, muy al pelo viene el asunto) enamorada! Bueno, quizá sí, lo estoy. Y si, sonrío de forma cursi cuando está a menos de 100 metros, porque su sonrisa supongo que me deslumbra y, a modo de respuesta, sonrío tontamente, mientras pienso en todas sus cualidades, defectos y virtudes, que, como no, me gustan todos ellos. Y sí, tengo cara de tonta en ese momento, si es que las tontas tenemos el derecho de apropiarnos de frases como esta.

Supongo que experimento aquel efecto respuesta por el cual soy capaz de emitir sonrisas que no siempre significan lo mismo. Puedo sonreír o reír a carcajadas porque algo realmente me parezca gracioso, porque algo me llame la atención, porque me imagine algo o, simplemente porque me apetezca. Sonrío cuando me acuerdo de la madre de alguno, que suele ser al volante, a menudo. Y es que una dicen que es sexy conduciendo, con mis gafas de sol y mis rizos al viento, a modo león de la metro (cualquier día me harán firmar ese contrato y seré algo más que la tía del 5º dcha). Sexy supone tener mala leche al volante, claro. Y yo no iba a ser menos, Dios me libre!

Como decía, puedo sonreír cuando algo no me acaba de caer bien, como esas pijas inútiles que a lo largo de mi vida he tenido la desgracia de conocer. Cuando me hacen sentir incómoda, cuando tendría que haberme acordado de su familia, yo, que soy tan cumplida. Sonrío cuando me río de mí misma, cosa que trato de hacer a menudo, porque para reírse de los demás primero hay que reírse de uno mismo, así que supongo que tengo el cupo cubierto. Pero mi sonrisa cambia cuando está, cuando aparece o cuando la pantalla del móvil se enciende. Si, señores, esa sonrisa ya no es la misma: es sonrisa de tonta y eso es mucha sonrisa!



No sé qué marcha llevan mis neuronas o si de verdad se han propuesto como meta dejarme ser feliz, pero, yo, al menos, lo intento. Creo que el consenso está cerca, por mucho que digan...


“La princesita, que para sonreír necesita un suspiro!”, me dice…hay momentos que adoro, por pequeños que sean…aunque tenga el castillo en reparación, aunque no sea rubia y no lleve corona, aunque no siempre acabemos comiendo perdices porque se han hartado de los finales felices. Este es mi cuento y lo quiero así, con una sonrisa… : )




4 comentarios:

Joyce dijo...

Las perdices están sobrevaloradas, la felicidad se disfruta en el día a día, es una suma de pequeños momentos que van quedando en el cajón de las cosas bonitas, en la memoria buena, esa que no se borra porque tiene copia de seguridad :P

Besos

Waxiwi dijo...

La felicidad en la vida, la dan esos pequeños momentos que te hacen sentir bien o pensar en lo que tienes y valorarlo, esos pequeños momentos que te hacen sentir afortunada, no los desaproveches, porque la vida no siempre te los regalará, DISFRUTA!!!!

Besooooooooooooootes!

Coco. dijo...

alguien dijo alguna vez que la vida no se mide por las veces que respiramos, sino por los momentos que nos quedamos sin respiración. O algo así. :)

Pink Room's Girl dijo...

¿Qué puedo decir que no se haya dicho ya? Es cierto que todo ese tópico de la Love Story, es irreal, pero, ¿no es acaso lo que todos deseamos en el fondo? ¿No deseamos todos profundamente que la vida se vuelva inhumanamente feliz y que los problemas de día a día, desaparezcan durante un tiempo, para volver a echarlos en falta y descubrir finalmente que sin ellos...? ¿Nuestra vida estaría incompleta? Si lo miramos desde este punto de vista, encontraremos la razón de la existencia de estas historias: Solamente con ellas descubrimos lo bien que estamos con todos nuestros problemas, ya que son estas las que nos hacen sentirnos personas y no un dibujo plano inanimado de un mundo de fantasía.