10 abr 2009

El destino no parece dudar...




A la vez que te quiero tener, dudo. Las dudas me acechan a cada segundo de mi, a veces, complicada vida. Desconozco las razones, quizá ni siquiera me sean necesarias para comprender que, tras las medias seguridades vienen las dudas más retorcidas o, quizá, las bromas de este destino que, a veces, aprieta pero no ahoga. Caprichoso destino, que me hace dudar a cada segundo de vida que piso…


Mientras el tiempo pasa y te echo de menos 25 de las 24 horas que tienen mis días, me doy cuenta de que, aunque desvíe la mirada hacia otro lado y pretenda pensar que esa forma que tiene de tratarme D, mi incansable compañero de aventuras y desventuras, es amor, apareces tú. Apareces tú y desmontas todos esos esquemas que pensé eran tan estables, tan pesados como para no conseguir moverlos en cuestión de un mísero instante.


Son días de lluvia, tanto fuera como dentro. Son días en los que todos comentan y nadie sabe. Son días en los que todos aquellos que observan sin darles permiso para opinar, lo hacen sin descanso. Y soy yo la que se cansa de tanta tontería. De tanta ida y venida, de tanto curioso ilegal. Río porque pienso que algún día les llegará el cansancio y se agotarán, dejando así de comentar tanto y tanto que, además de no ser cierto, está fuera de lugar, de contexto o incluso de mi propia vida. Y es que D quizá no sea ese famoso personaje de mi propia vida en el que fije mis ojos al llegar, aunque todos comenten, aunque él lo piense. O quizá sí, ni tan siquiera estoy segura de ello. Lo estaba, a medias partes, pero ya no. Porque siento que al verte bailo a un son que no es el mío.


El destino me pone entre tu espada y mi pared, recordándome a cada segundo que pasa que sigues ahí y aquí, en mi mente y, cuando menos lo espero, en mi alma.


Quizá me cambien de departamento, y eso supone un acercamiento de distancias que ni tú ni yo esperábamos. Nos sorprende, aunque más a mí que a ti, que estabas al tanto de todo eso que a mí se me escapa de las manos últimamente. Tiemblo al mirarte, sonrío ante uno de tus guiños y una enorme sonrisa que sale de los límites de la perfección y siento, de nuevo, que el destino, este destino caprichoso y dichoso, me gana…otra vez.


Son tantas cosas, sentimientos, momentos, miradas, gestos, sonrisas, brillos en la mirada, que se me escapan de las manos, deslizándose entre mis dedos sin remedio alguno que siento que te siento aunque no quiera, siento que no sé qué lugar ocupa ese compañero al que le brilla la mirada últimamente y ríe todas mis gracias, y siento que me encuentro en medio de mi pista de baile, sin saber muy bien qué canción poner a modo de banda sonora de toda esta historia…solo sé que creo bailar en tu salón, porque todavía tiemblo cuando vienes a bromear conmigo y a enseñarme lo maravilloso que puede llegar a ser un simple instante, mientras mi mirada brilla sin descanso, reflejándose en la tuya, a la que no puedo dejar de mirar…

Todavía bailo a un son que creo que es el tuyo. Todavía te echo de menos, aunque sepa que mañana estaremos allí, a unos metros de distancia, como ayer, como siempre...y sigo sintiendo que si tú me miras el tiempo se para, rompiendo el silencio.





4 comentarios:

Anónimo dijo...

Respecto a tu post... y al referente a Los Planetas de nuestro mútuo amigo... quisiera compartir esto contigo...

http://viatgeranocturna.blogspot.com/2009/04/respondiendo-el-rollo-mesianico-de-los.html

Pásate y deja huella :)

Ezne dijo...

AY ay... El destino hace las cosas a su antojo...

Hay veces que las mejores pistas son las inesperadas... Cuando el tiempo se para en un instante, cuando el mundo desaparece y solo estás tú y él... Ay... Es el Destino ;)

Un beso

Ángeles dijo...

puff me he emocionado leyéndote. A veces es tan duro enfrentarse a los sentimientos, incluso cuando sabes que es algo q no te corresponde.
Besos

Joyce dijo...

Más allá de la distancia física está la distancia espiritual...

Besos