Hoy no río, como días atrás lo hacía, al unísono que tus gestos me mostraban el lado más positivo de todo esto. Hoy no sonrío con la misma intensidad que lo hacía aquellos días en que tu sonrisa, supongo, ya iluminaba mis días más tristes y un abrazo tuyo me devolvía al mejor de los momentos, aunque en instantes hubiese estado en el peor de los infiernos. Hoy no.
Hoy me invade una simple y compleja decepción con todo aquello que nos implica, con todos aquellos que hablan, que insinúan, que opinan sin saber…hoy corre una lágrima por mis mejillas, llegando hasta mi cuello, donde se ahoga el llanto más profundo y, a la vez, sin razón aparente. Hoy percibo que, estando a tantos kilómetros, sigues estando aquí adentro, donde nadie puede entrar ni salir…tan cerca. Hoy siento que mentía a cada segundo cuando decía aquello de que no era cierto todo lo que mis oídos quisieron dejar de escuchar, por miedo. Por miedo a esto, quizá. Hoy sonrío débilmente idealizando aquello que tú ya tenías en mente y alma meses antes…y me doy cuenta, mientras pretendo acallar mis sollozos, de que ahora somos dos los que suspiramos, a los que el brillo volvió en sus miradas, los dos…los dos a los que la vida pone a prueba, segundo a segundo. Los dos a los que la vida jode en cada suspiro que lanza al mar. Cara o cruz.
Y me dices que por mí dejarías todo aquello por lo que luchaste, dejarías aquella ciudad que te atrapa durante cinco de los siete días que tiene esta semana. Me dices que pretendes pisar el freno en tu vida laboral, porque volar tan alto te aleja del suelo, donde estamos el resto de mortales. Me dices que, estando allí, si tuvieras aquí algo importante como podría ser yo, serías incapaz de seguir.
Mientras tanto mi empleo parece salir de puntitas por la puerta de atrás, pensando que no me doy cuenta de que tengo un pie y medio fuera y el resto dentro. No tiene razones, no las tiene, y ambos lo sabemos…necesito el trabajo y esta angustia me está ahogando. Y todo por esos rumores desautorizados sobre el nosotros que todavía no hay y al que debo temer, si pretendo conservar mi puesto de trabajo…y el “qué pasará” si decidimos iniciar algo algún día no muy tardío, me asfixia cual soga.
Y lloro. Si, lloro. Estas lágrimas me demuestran, una vez más, que soy mucho más débil de lo que un día te hice creer. De lo que yo misma me convencí…
Al mismo tiempo, una sonrisa débil asoma por el abismo de mis labios, que últimamente sólo viven esperándote. Aunque quisieran negarlo, tapándome los ojos para no ver lo que una tiene y tiene miedo a apreciar.
Y siento que el brillo se asentó en mi mirada para no marcharse nunca y que, después de todo, me gusta tanto todo esto...me ilusiona que me eches de menos, desde allí, estando tan lejos y, al mismo tiempo, tan cerca.
Un escalofrío recorre todos y cada uno de los poros de mi blanca piel, contándome que mañana vienes “a verme”, como bien me dijiste. Mis piernas ya están temblando, bailando el mismo son que marcaste sin darnos cuenta, sin querer, mientras pienso en lo gracioso que es todo esto, y que ni siquiera somos nada, más que amigos…


3 comentarios:
Como siempre las mújeres dándoles mil y una vueltas a las cosas...jeje disfruta del momento con él, si tiene que pasar algo pasará, pero ahora deberías sonreir, porque alguien consigue que seas feliz, aunque "solo seais amigos"...el tiempo todo lo dirá!
Un beso!
Hay que saltar. AUnque pensemos que hay un abismo, quizá no lo haya, quizá al saltar veamos que el Destino nos sonríe... que hay cosas que pueden ser más bonitas de lo que esperamos...
Sentir es cosa de fuertes, no de debiles ;)
Un beso!
Jolin perdida,como sufres.Aunque en estos momentos cualquier cosa que se te diga no te valla a animar,tira para alante e intenta ser feliz que el tiempo lo cura todo y lo mismo os vuelve a juntar.Suerte y animo perdida.
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