Creo que, antes de decir nada, de decir nada con un mínimo de sentido, debería cambiar aquel inicio de este diario que decía algo así como: “Hola, soy X, tengo 22 años…” por algo con hoy más sentido, como: “Hola, soy X y, a pesar de mis 22 años, soy de esas personas que pasan a menudo por situaciones surrealistas, dignas de mención en este humilde diario…”
Y, a raíz de ahí, todo el mundo entendería mi forma a veces peculiar de narrar las situaciones dentro (o fuera) de sus contextos.
Y es que, tras haber dejado de mirarme al espejo, tratando de averiguar qué está pasando o no pasando exactamente con aquel amigo al que nunca prestaste una atención especial, me senté en el sofá, que tanto me gusta y que tan poco pruebo, a deliberar sobre ello. Y cuando llegas a la conclusión de que en realidad no está pasando nada y de que se trataba de un juego peligroso, pero juego, al fin y al cabo, respiras tan hondo que crees que has dejado a la atmósfera sin ningún tipo de recurso.
Sigo igual de ocupada, aunque supongo que he aprendido a llevarlo, como dicen en mi pueblo, del que ya hablé y hablaré dentro de poco. Supongo que aprendo a respirar hondo antes de pensar, y a pensar antes de hablar. También a decir sin mediar palabra y, muy a mi pesar, a decir demasiado cuando no debería decir nada.
Y es que no soy perfecta, para desgracia de muchos, que dicen que es consuelo de tontos.
Últimamente paso por ciertas situaciones dignas de mención en este humilde diario, como dije líneas atrás. Y es que si crees que la vida te da la espalda, debes tocarle el culo. Y no lo hago, pero me tienta no sabes cuánto…
Una noche puedes salir a comerte el mundo y darte cuenta de que, quizá, el mundo aguarda a comerte a ti. Y esa noche fue el sábado, sin ir más lejos.
Diluvia a modo universal, como en aquella historia que nos cuentan de pequeñitos para explicarnos la conservación del mundo animal. Y miles de animalitos salen de marcha, a ver qué comen o qué respiran (o no respiran directamente…), salvo yo y animalitos menos comilones, que salimos a pasarlo bien, simplemente.
Cuando la noche se termina, cuando a las 4 de la mañana decido que ya no puede pasar nada más en mi a veces curiosa vida, aparece él.
Hay cola para salir de aquel antro, por llamarlo de algún modo en especial y tirarle alguna que otra florecita. Mojada por la lluvia, enfadada con el mundo y sin mucho espacio para respirar, me paran en medio de la cola más larga de toda mi existencia. Lleva toda la noche mirándome y ni siquiera me he decidido a sonreírle, porque su mirada me intimida demasiado como para tener el par de ovarios que dicen que tengo, aunque en realidad no sea cierto. Me para en seco, me saluda efusivamente. Y, sin ir más lejos, he aquí el inicio de una curiosa situación. Empecemos porque se llama O, para desgracia de servidora, que piensa en lo pequeño que es el mundo y lo repetidos que están los nombres, por mucho que este sea moreno. Parece simpático y, para más intríngulis, es gracioso. Yo le saco una cabeza, pero, como dice mi madre, eso son cuestiones menores (o mayores) y sabe perfectamente dónde trabajo, como me llamo y las veces que, en toda su vida me ha visto. Petrificada. Ese es mi estado, y se me nota. Resulta ser una de esas personas a las que, una, como dependienta, atiende encantada y encantadora. Se acuerda de mi, pienso. Por qué? No es necesario que piense la respuesta, él mismo me la da segundos después: soy estupenda. Y pienso: olé! Y me aplaudo mentalmente mientras él parece hacerlo ya, además de tratar de inundarme de flores, cosa que, en una discoteca, por todos es conocido a qué jugamos o queremos jugar. Cojo todas mis flores y me voy a casa, tras presentaciones formales, un par de besos, un intento de abrazo por su parte poco fructífero, y el ego por las nubes.
Y es que, una, cuando quiere es estupenda, maja, simpática y, a veces incluso inolvidable, además de lo egocéntrica que parezco, claro.
Lo que pase de ahora en adelante…es cuestión bien de la lluvia o bien de mi capacidad como dependienta, que parece ser que es inminente. Creo que me voy a sentar en ese sofá a deliberar de nuevo sobre ello. Si, lo voy a hacer.


4 comentarios:
Es mi cancion
La cancion esta llenando el cielo
no cantes alla afuera.
jejjeje! interesante, auqnue el caval se quedaría con ganas de más, no? Poooobret! Pero tu tranquilita en tu sofa, descansando y meditando, y que le den al mundo, no hya nada como pasear por las nubes...
Besooooos!
ya me dirás donde trabajar para no ir, no vaya a ser que tu capacidad dependientera, llegue hasta a mi, y haga cambiar mi sexualidad jajaja
dejas huella... no estás perdida del todo;)
solo 22 añitos, kien los pillara...xd y piensa un poco en lo ke la lluvia te trajo...aunke solo fuese para alimentar tu ego... me encanta.sin ser hipocrita es una cosa ke a las mujeres nos gusta,ke bien te sentiste en tu sillón...algo bueno tiene ke recompensarlos la vida xd.besitos wpa.
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