Posiblemente, de haber titulado esta saga como “Perdida y sus surrealismos”, hubiera tenido menos éxito, pero sería más fidedigno. Y es que, en la vida de una, de un día para otro pueden ocurrir multitud de sucesos, situaciones, momentos, elementos y sentimientos que, aunque escribiese cien capítulos de este diario cibernético, nunca se me llegaría a entender del todo.
Y es que una es muy complicada, tanto que “ni ella misma se entiende”, como diría más de uno (y de dos…). No, no me entiendo. Pero tampoco entiendo tantas cosas que suceden a mi alrededor... Y es que, si algo aprendí en esta vida, es a dejar de verla pasar como una película, a pasos agigantados. Me negué esa posibilidad y, como todo, supongo que debe dar sus frutos algún día no muy lejano.
Es curioso, lo lejano, lo que no consigues olvidar pero lo intentas, porque te dolió hasta en la mismísima alma, vuelve siempre. Siempre.
Supongo que más que un estorbo comienzo a verlo como algo habitual, como algo a lo que, tarde o temprano tendré que enfrentarme. Y no es que me guste, solo me limito a asumirlo, antes de empezar a cavar el hoyo para esconder la cabeza. Se ha convertido en uno de esos bichitos que solo oler su presencia te hacen estornudar o toser…un ácaro, eso es, un ácaro. O es un ácaro en mi vida y yo…creo que debo ser alérgica a más no poder. No le odio, eso es lo peor, que tendría miles de razones para hacerlo y, aun así, no lo hago. Me duele, me estorba, me molesta, me parece ridículo, me agobia, me produce estornudos, toses, se me hace cómico todo esto, pero no le odio. El odio supongo que es un sentimiento que no he experimentado hasta el momento, será de poco usarlo, que acaba muriendo, no lo sé.
Sigue llamando a mi móvil y cuando suena solo queda un pensamiento en mi amueblada cabeza: lanzarlo por la ventana (el teléfono, claro). Recapacito rápido. No tengo dinero para comprarme otro y quizá, además de no resistir el golpe, la cabeza de algún transeúnte que pasee por debajo de mi ventana, tampoco. Rechazo esa posibilidad. He optado por dejarlo sonar. El modo silenciador cuando comienza a sonar funciona a la perfección. Y lo uso a menudo, porque me llama a menudo. Y me gusta. Me gusta ignorarle, para que nos vamos a engañar. Digan lo que digan y piensen lo que piensen. Allá ellos. A mí me gusta ignorarle y creo que le he pillado el gustito. Casi tanto como él a mover su agenda hasta la P y dar con mi número. Quiero pensar que se le pasará tal pesadez, porque, de no pasarse, yo misma provocaré tal cansancio. Y es que, a veces, no siempre le das tu móvil a la persona idónea ni, posiblemente compartiste tu tiempo bien con él. Pero eso, como todo, es pasado; y lo pasado…pasado está, dicen: -Aplícate el cuento, O, hazTE un favor-.
Y volviendo del pasado al presente…qué decir? Si te dijera que un millón de cosas me rondan la mente cada día, cada minuto, cada segundo y no todas relacionadas con mi vida sentimental, créeme. Aunque, como a cualquier hijo de vecino, el amor a mí también me alegra la vida, me la endulza. (Me acabo de dar cuenta de que podría ser un título para crear un grupo en esa red social que todos usamos…lo pensaré!)
Supongo que cuando dije que F podría romper, además de mis esquemas, las mismísimas reglas de la perfección, era cierto. Supongo que sus ganas de hacerme vivir acaban con mis ganas de salir corriendo. Y, mientras él apura ese último cigarrillo, andando por esas calles de la ciudad por las que se nos perdió la vergüenza, nada importa, ni el tiempo, ni el espacio, ni la gente al pasar, ni el viento al soplar, ni siquiera yo estoy allí. Posiblemente estoy en las nubes, soñando despierta, que se me da muy bien. Él tiene los pies en el suelo siempre y, como es algo más alto que yo, supongo que, de auparse, conseguiría leerme el sueño. A veces me asusta, pero sé que, posiblemente, no soy la única que sueña. Él lo sabe y yo también, así que todo deja de importar a nuestro alrededor. Es perfecto. Todo lo es. Los nervios de las primeras conversaciones, las miradas a mitad trayecto, las casualidades, las situaciones buscadas, las coincidencias fingidas, los cafés, el brillo en los ojos, por los que me tengo que poner las gafas de sol para no deslumbrarle, para no hacerme tan evidente. Sus ojos negros, los míos que ya no sé ni de qué color son, llegados a este punto, mis ilusiones, sus miedos, mis nervios, sus apariciones estelares, mis guiños y sonrisas, mis rojeces, su vergüenza, que todos pensaban que no poseía…mis gracias, sus risas, mi estrés, su calma...un cúmulo de cosas que no cambiaría. Un conjunto de felicidad que no quiero hacer desaparecer. Sin más.
Acabo de olvidar cómo terminar este post, de hecho acabo de olvidar todo lo demás. Es curioso, F también tiene esta capacidad.
Como diría él: La niña, que se ha enamorado.


5 comentarios:
"La niña, que se ha enamorado" - dice F. Y tú, en ese instante, te pierdes en un mundo paralelo en el que F y tú sois los protagonistas de una historia en la cual todo es perfecto. Es precisamente eso a lo que llaman 'amor' y es lo mejor que hay. Sueña a más no poder pero nunca sola, sino junto a él ;)
Es increíble cómo la vida da vueltas, verdad? Cuando crees que todo va a seguir siempre igual aparece alguien...
Saludos, y disfruta
Geniaaaaaaaaaal! La niña, se HA ENAMORADO!! OLEEEE!!!
Enhorabuena!!
Muchos besos!!
Me encanta volver y ver esto :) Sentimientos perdidos entre letras una vez más...
Un beso gordo, princesa
Perdida, a veces es un gran descubrimiento encontrarse, aunque sea por un rato.
Besos
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