Supongo que hablando de mí, acabamos hablando de aquella que dijo “de esa agua no beberé”, de aquella que, tras pronunciar esas palabras bebió no un vaso, sino cubos y no de alcohol. Si, si…la misma. La que, declarándose, aunque con falta de credibilidad, abstemia, termina emborrachándose de la vida.
Y es que decir que el amor no llegaría nunca o que lo mandaría de una patada a criar jamones de bellota, es mucho decir. Y es que la vida te sorprende, aunque haya dejado de hacerte beber para olvidar.
Tras crear un nuevo Océano con mis propias lágrimas por un espécimen poco recomendable y que no viene al caso, sales un buen día a vivir y encuentras una sonrisa que, casualmente, produce una en ti. Te cae bien. Parece simpático. No sabes muy bien cómo empezó todo, pero si dónde y por qué. Y te gusta. Así que, sin saber nada sobre todo aquello que acaba de aparecer en tu , a veces, excéntrica vida, te aventuras a disfrutar, a experimentar, a probar a qué sabe un nuevo camino, una nueva vida, tal vez.
Puede que no sea la mejor catadora de vinos, ni la juez de un concurso de cocina, ni siquiera de un certamen de buenas ideas, pero si algo soy, es especialista en, al menos, tratar de ser feliz. Y las buenas ideas, las cenas y los vinos ya vendrán rodados o lo dejamos a la improvisación, como tantas cosas.
En poco tiempo me he dado cuenta de que o vives la vida, la moldeas o la aceptas tal como viene, pero la vives, o…ella acaba viviendo a tu costa. Y una, que el altruismo lo lleva en las venas, se cansa de no catar detalle alguno.
Ha vuelto a mi vida ese gusanillo del que habla alguna que otra canción: “el gusanillo de ti”. Me agrada sentir cómo algo me duele en el estómago cuando no está a mi lado, regalándome, sin darse cuenta, sus mejores momentos, los míos, los de los dos. Me gusta volver a oír revolotear las mariposas gigantes, cual afectadas por el fenómeno Chernóbil , en el estómago cuando sé que está a punto de llegar, cuando ya queda menos…cuando aparece ante mis, a veces, incrédulos ojos. La niña, que se ha enamorado! Dicen los espectadores de la situación, ingenuos, sobrantes de la inocencia del que nada sabe.
Y así, sin saber muy bien cómo, me adentro en una película de la que, curiosamente, llevo la dirección y, a su vez, el papel principal. Y esta vez no se cumple aquello de que cuando dejas una cuchara en el fregadero, curiosamente está boca arriba y termina salpicándote en cuanto abres el grifo. El grifo está abierto, y si de algo estoy satisfecha es de que salpica solo cuando yo quiero que lo haga. Me encanta ser la directora de mi propia historia, y, al parecer, no se me da tan mal.
Empezó siendo un excéntrico diario virtual triste y terminó, sin querer, en la base de todas las situaciones, momentos y circunstancias que acontecen en esta película de princesitas y príncipes non-capullos en que cualquiera podría convertir su vida. En mi caso: su excéntrica vida.
Como dice aquella canción: “quiero vivir, quiero sentir el universo sobre mí!” Tranquilos, por si alguien no lo sabía, el deporte ha llegado a mi vida (dedicaré un extenso capítulo a tal circunstancia).
Resistiré este preciado peso.
Te apuntas a vivir?


2 comentarios:
Ole!! Me alegro mucho de oir/leer estas palabras! Disfruta muchísimo cada segundo y saborealo como el mejor! Y a ver si nos cuentas lo del deporte...
jejejje!
Besooos!
Me apunto, me apunto... si es que así da gusto...
:D
Un beso!
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