
Entras al aula. Diez personas en ella (y aún creo que son demasiados). Caras conocidas, de algún lugar en el que, quizás, habéis coincidido antes, aunque ahora no recuerdas exactamente dónde. Saludas. Te saludan amablemente, son gente maja, al menos eso parece en un principio. Acabas de entrar en un aula de formación para perfeccionar técnicas de tu, dentro de poco, nuevo empleo. Miras al fondo. Una carita no conocida te observa, sin decir lo más mínimo. Es una carita bastante dulce, inocentona. Es un chico, de más o menos unos 20 años (aunque luego descubrí que eran 21) moreno, de ojos negros, un tanto tímido. Te observa tímidamente, y cuando tu mirada se dirige hacia su carita, desvía esa mirada que te llamó la atención.
Descanso a media mañana, porque realmente se hace pesada. Se van todos a no se donde mientras tú estabas en el baño y cuando te quieres dar cuenta sabes que tu descanso será solitario, pero no, las cosas dan un giro agradable (¿para que nos vamos a engañar?). Te ve, te saluda, se acerca y se sienta a tu lado. Tú, como tonta profesional que eres, saltarías de felicidad, pero sabes que no puedes, así que: conservas la calma y sonríes (aprendiste a relajarte y respirar hondo, afortunadamente). El chico tímido decide presentarse, hablar sobre su vida (bastante parecida a la tuya): tiene 21 años, está en último año de su carrera, a su vez es opositor a policía local y, al igual que tú busca un trabajo para los fines de semana, porque la vida de estudiante precisa de dinero (aunque digan que no). Tú le cuentas la tuya y le parece, según sus palabras, “muy interesante”. Pasáis largo rato hablando y cuando quieres darte cuenta es hora de volver a la faena y dejarse de procesos de socialización: ya seguiréis en otro momento esa conversación que tanto parece interesaros a ambos, porque, entre otras cosas, ninguno ha parado de sonreír (y reír) en toda la conversación (dice que eres muy divertida) y ni siquiera sabes por qué, es algo mágico, extraño.
Pasan los días (varios) y, cuando menos te lo esperas...
- Chicos, el curso se acabó. Despediros unos de otros, porque es muy difícil que os destinen a los mismos centros de trabajo...
Es cierto, cada uno ya sabe donde va a trabajar, menos M (él), que espero que tenga el mismo destino que yo, porque sino me arrepentiré, como siempre, de no dar un paso adelante y siempre estar dando los pasos hacia atrás. M es perfecto o, al menos, lo parece. Y yo soy tonta, o miedosa, o excesivamente tímida o... ¡yo que sé!
El caso es que M y yo puede que no coincidamos...o puede que sí. De momento esperaremos a que le den destino y luego nos alegraremos si coincide con el mío y sino, pues nada, nos resignaremos a seguir siendo la tonta de siempre que nunca da un paso más por no retroceder medio.

2 comentarios:
Me alegra leer que tu misma te llamas tonta, porque así cuando lo haga yo no me sentiré mal. Eres TONTA. ¿Porqué dejas escapar oportunidades tan buenas como estas? Es simplemente intercambiar números, emails, algo, para seguir en contacto dos personas que se han caído bien, y no dejar pasar las oportunidades.
Besos felices
Ays perdida! Estoy con eterna. Si lo vuelves a ver, coincidáis o no en el destino de trabajo, pídele el tlf!! O dile de ir a tomar un café, lo lo que sea. Seguro que él también es tímido, y que está igual que tú. Da ese paso..total, por intentarlo no pierdes nada, y seguro que no te arrepientes! BesoS! :)
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