30 sept 2007

Una mirada atrás para poder mirar hacia delante


Ayer me despedí de mi departamento. Fue mi último día vestida con ese uniforme que, en ocasiones, llegué a odiar. Mi último día realizando las funciones que, desde hacía dos años y medio, venía realizando. El último día con mis compañeros/as, de risas, de felicidad, de tristeza, de cabreo o de decepción, de todo ha habido...


Y pensé, para variar en mí. Me puse a pensar en que, quizá, este tiempo allí me haya hecho madurar en muchos aspectos, ver la vida desde otra perspectiva...aprendí, aprendí mucho. Ahora me doy cuenta, que me voy y miro atrás, el antes y el ahora, el ayer y el hoy.


Y es que, en todo este tiempo, aprendí a sonreír cuando en realidad quería llorar.


Aprendí a diferenciar y clasificar a las personas en “aptas” o no “aptas” para entrar en mi vida. Diferenciar compañeros de amigos, que no es lo mismo.


Aprendí que no todas las personas son buenas, por muy disfrazadas que estén con piel de cordero.


Aprendí que, posiblemente, cada uno escoge su camino desde un principio, solo que para seguirlo puedes coger atajos, seguir recto y llegar al final, o hacer pausas en el camino.


Aprendí que las despedidas no son un adiós si no quieres, sino un “hasta luego”, tú eliges la modalidad.


Aprendí que no los más simpáticos son los mejores ni los más antipáticos son los peores.


Aprendí que ni tu sombra es fiel compañera a veces, y que, o aprendes a desconfiar muchas veces o la desconfianza te enseña a ti.


Aprendí que cada uno no es como quiere ser, sino como puede.


Aprendí que, aunque te duela, venías con etiqueta de fábrica, como todos.


Aprendí que la vida, ni el mundo es rosa, solo que tú lo pintas como prefieres y la decoras como quieres. Y alguien me enseñó técnicas de decoración.


Aprendí que las opiniones ayudan o hunden, que las verdades duelen y que las mentiras juzgan.


Aprendí que querer es poder, pero poder no siempre es querer.


Aprendí que la imagen dada al exterior no muestra todo nuestro interior, hay una pequeña parte que pocos conocen.


Aprendí a decir lo que pienso sin miedos, sin tapujos y sin un permiso en la mano.



Aprendí que, quieras o no quieras, continuamente estás aprendiendo de todo, de todos y por cualquier motivo y que, sinceramente, me gustó la experiencia. ¿Repetiría? Supongo que sí, aunque principalmente por estas pequeñas grandes cosas, por la gente y porque todo te enseña a abrir los ojos, sea en el sentido que sea.





3 comentarios:

Miguel dijo...

Aprendí que cada uno no es como quiere ser, sino como puede.

No podía estar más en desacuerdo contigo. Porque sé que cada uno puede ser como quiere.

Sobre las cosas que has decidido aprender (sí, fíjate, "decidido", porque las escoges tú) hay algunas con las que estoy de acuerdo, y otras con las que no. Pero esa eres tú, y ya con eso me vale ;-P

Zerepica_n dijo...

Miguel, todos somos limitaditos. Yo de pequeño quería ser como Hugo Sánchez y aquí estoy, currando en una oficina como un pringui, aprendiendo de la vida a base de leches ;)Moló la entrada. Salu2

Perdida dijo...

Miguel: si, supongo que decidí aprender, estoy contigo en eso, son cosas que decidí en su día. Lo de que "cada uno es como puede y no como como quiere" se refiere a que, a veces, la sociedad te limita, aunque no quieras, les cuesta aceptar ciertas cosas, ciertas etiquetas...ya te lo explicaré, es una larga historia no relacionada directamente conmigo...

Y, bueno...si estuvieses de acuerdo en todo, no habría lugar a debate, no crees?;) Tienes razón, esta soy yo, con mis miedos, inseguridades, lecciones aprendidas, etc...;-P

besos!

Zerepica_n: bienvenido, me alegra tenerte por aquí, vuelve cuando quieras y toma asiento, que son limitados;)