
Llueve. No llueve, diluvia, para ser exactos (en Levante no estamos acostumbrados a estos contratiempos meteorológicos). Miro por la ventana, son las 6 de la tarde y desde las 4 es de noche, oscureció de tal forma que parece que va a estar así días. Piensas. Piensas mucho. Reflexionas. Las gotitas de lluvia siguen tintineando en tu ventana y parece que pretenden hacer sintonía, pero caen demasiado rápido y sin control, se limitan a caer sobre el asfalto. Un rayo. Me asusto, aunque no temo. Le sigue un ruidoso trueno. Y sigo pensando en todo un poco, tampoco tengo nada mejor en lo que pensar...Me siento triste, porque el día no acompaña y porque se te pasan por la cabeza todo lo que haces mal durante el año o, porque, además del nubarrón que hay en el cielo, está el de tu cielo, que parece perseguirte.
Recuerdo entonces que hace unos días mi compañero L, tomando un café después del trabajo y hablando de todo, me pidió que intentara describirme. La verdad es que no entendí muy bien a que venía eso ahora, cuando ya hace más de dos años que trabajamos juntos, y creía que era bastante transparente como para no tener que describir mi personalidad, mis pensamientos o, simplemente mis opiniones, que, como en todo, hay veces que hay que callar y guardar para evitar conflictos innecesarios y enfrentamientos. Pero esa tarde descubrí que, seguramente, nunca dejé de ser la persona que debo parecer o, simplemente, no parecer nada.
El que calla otorga, ¿no? Supongo que otorgo demasiado, entonces...oigo, veo y callo, a no ser que algo me toque la fibra, la vena de mal genio que supongo que tengo alrededor de mi cabeza, en algún rincón y que no me abandona en las situaciones en las que parece necesaria, o la arteria sentimental, que también supongo que la tengo desarrollada, aunque no quiera.
Le dije entonces: “¿Que como soy? He respondido a preguntas más fáciles en mi vida...pero allá voy: extraña, al menos eso me parece muchísimas veces, porque, o soy yo la extraña en el mundo que me rodea o son ellos, y ellos son más que yo, así que supongo que la extraña soy yo.
Me considero de las que tira la piedra y no esconde la mano, porque creo que hay cosas que hay que decir o hacer y se hacen y ya está, y tanto si meto la pata como si no, me gusta dar la cara.
Soy orgullosa, cierto, pero moderadamente, si hay algo que está mal por mi parte no tardo ni un minuto en pedir perdón por ello, las cosas bien hechas, mejor. Y cuando pido perdón, lo pido de corazón, no por quedar bien.
Rencorosa, los que me quieren dicen que debería serlo más, a veces lo soy demasiado poco...
La sinceridad me caracteriza, no es que vaya parando a la gente por la calle diciéndole todos sus defectos o virtudes, mi opinión, pero si alguien que me conoce pregunta se arriesga a que la respuesta no sea de su agrado.
Pacífica, tranquila, aunque estresada por temas insignificantes a los ojos del mundo.
Llorona. Sentimental dicen por aquí que se llama, no sé...
Solitaria, dicen...aunque eso siempre lo he tenido en duda...independiente tal vez, pero solitaria no, distingamos términos.
Y...no sé que más decirte, la verdad es que ahora no se me ocurre nada...”
L se quedó pensando un rato y me dijo: “¿puedo opinar yo sobre todo eso? ¿Me das permiso?”
Perdida: “¡claro! Se permiten críticas constructivas, hombre ;)”
L me dijo: “bien, empiezo:
a) extraña... (Cara de reflexión) no, no creo que lo seas, en realidad los extraños son ellos, todos los que dices que te rodean y que no encajas con ellos. No es que no encajes con ellos, es que ellos no encajan contigo, que es distinto.
b) Dar la cara, bien, bien... ¡mientras no sea para que te la abofeteen! A veces, por experiencia te digo que no vale la pena, y no por eso eres más cobarde sino menos valiente. Puede que con tus 20 añitos no lo entiendas (L tiene unos 40 aproximadamente, le considero algo así como mi padre, por la edad y porque supongo que es de las pocas personas que te entienden desde una perspectiva distinta a la tuya) que creo que si porque te considero lo suficientemente madura para ello, pero dar la cara no significa luchar sola contra un ejército, cosa que sueles hacer a menudo...aunque te repito que me parece muy bien que luches cada instante por lo que quieres, sabes? Eso dice mucho de ti, aunque no lo creas...
c) ¿Orgullosa? Deberías serlo más. No es que el orgullo te haga mantenerte en tu sitio, pero si que evita que te pisen. Está bien que pidas perdón cuando lo que haces no está bien, pero no pedirlo por no hacer daño con tus palabras a alguien, si a ti te dolieron esas mismas palabras y ahora eres tú quien se las dice a esa misma persona, bien hecho está. A veces no hay lugar a contemplaciones con ciertas personas...
d) Rencorosa, puede ser, si...te diré que el rencor no lleva a ningún lado, que es lo típico, lo que todo el mundo dice y lo que parece más...aceptado. Pero, si, deberías serlo un poquito más con aquellas personas que te hacen daño, de lo contrario, te lo volverán a hacer...aunque tampoco te aconsejo que te protejas antes de tiempo, poniéndote esa armadura anti-golpes que te pones y que nos impide conocerte...
e) Sincera, cierto, aunque a la gente no le guste lo que va a oír siempre acaban preguntándote, ¡aun sabiendo el peligro de la respuesta! Je je por algo será, ¿no?
f) Tranquila, si, en temas generales si, en temas personales no, te haces una montaña de un granito de arena y eso, princesa, debes cambiarlo o te morirás de un ataque al corazón cualquier día...
g) Llorona. Lo dices como si de un defecto se tratase y no lo es. Que te emocionas al ver una película, vale, ¿y que? venga ya, Perdida,¡nadie es de hierro! ni siquiera tú, aunque muchas veces te pongas esa máscara de chica dura. Quizá la palabra no sea “llorona” y sea “sentimental”, permíteme esa crítica constructiva también ;)
h) ¿Solitaria? En absoluto. Visto está que no eres un ser que va por el mundo sola, siempre tienes a tu alrededor a un montón de gente que te quiere y te aprecia, que daría mucho por ti. Fíjate como, siendo casi la más joven en la empresa, te llevas bien con todo el mundo y todo el mundo está encantado contigo. ¡Te echamos de menos cuando llega septiembre y vuelves a venir solo los fines de semana!
Independiente puede, si, lo eres, pero solitaria no, así que quien te lo dijo te lo dijo sin conocimiento de causa... ¡ni de nada!
Así que deja de tirarte piedras sobre tu propio tejado, abre los ojos y mira el lado positivo de todo eso, que lo tiene” (sonríe fraternalmente, como si de mi padre se tratase, en medio de una charla sobre problemas matutinos)
Después de este café me sentí mejor. El café con L no fue solo un café, fue un abrir puertas de mi personalidad cerradas a aquellas personas que, por más que intentan abrirlas, no les dejo. Y bueno, ¿para que nos vamos a engañar? L es de esas personas que te pintan de azul un día gris, como el de hoy, por eso creo que me acordé de esta conversación precisamente hoy, que mis nubes parecen no desaparecer y mi cielo pinta negro...

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